
Diario de viaje: río.
Supe vivir el campo por cinco horas, cinco horas que costaron catorce de viaje, un sándwich y demasiadas discusiones sobre querer o poder cambiar el mundo; un auto sin radio ni aire acondicionado; muchas personas sofocadas, intentando salvarse individualmente...engañándonos.
Llegamos y me alejé; agotada de tantas habladurías me marché enfrentando al vacío que imponía aquel paisaje. El aire fresco decoró mi rostro, mientras la luz empezaba a abandonar el territorio invadido en la mañana. Dejé de mirar por un rato y simplemente sentí a aquella marea verde que se extendía mucho mas allá de lo que podría imaginar. Solo estábamos él y yo... adornando esa nada donde no había hogares, molinos o animales; sólo verde. Ese color tan falsamente esperanzador, rejuvenecedor... tan odioso que hería mis ojos, se convertía en mi gran amenaza.
Mis piernas cedieron a los pasos y comencé a moverme. Caminé sin rumbo ¿Eso sería posible?[1]. Me sorprendí al escuchar la claridad de los sonidos, pero existía uno en particular que buscaba sobresalir... me llamaba, al menos así quise creerlo.
Mis piernas cedieron a los pasos y comencé a moverme. Caminé sin rumbo ¿Eso sería posible?[1]. Me sorprendí al escuchar la claridad de los sonidos, pero existía uno en particular que buscaba sobresalir... me llamaba, al menos así quise creerlo.
Era suave pero nunca se olvidaba entre los que comenzaban a dormirse... ¿Realmente provenía de algún lugar o era la simple naturaleza en comunicación con esta extraña? Era el corazón delator hundido en ese verde impecable, pero amenazador.
Caminé hacia donde sospechaba que estaría mi gran misterio, el verdadero silencio de esas voces que todavía me aturdían.
Caminé hacia donde sospechaba que estaría mi gran misterio, el verdadero silencio de esas voces que todavía me aturdían.
Sin que llamara mi atención me encontré con un hilo de agua corriendo, un río que ahora corre por la tierra que alguna vez estuvo seca, donde la vida dejó de existir y ahora la salpica. Que disfruta de su perdurable juventud y me permitió engrandecerme con ella, conociendo su eternidad que puede perder en cualquier instante. Pero aún fluye con sutil gracia, haciendo lo que solo ella sabe hacer y del modo que solo ella entiende. Se impone sin dolernos y nos exige respeto haciéndonos llorar.
Lo acaricié para recordar su incontenible energía, su comunión con aquella extraña que buscó en sus cinco horas de vivir el campo y luego, simplemente, lo olvidó en el camino de regreso.
[1]ACLARACION: En “Alicia en el país de las Maravillas”, el gato risón (Ese gato que desaparecía) le dice a Alicia que si no sabe hacia donde ir que simplemente camine... que caminando siempre va a llegar a algún lugar.
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