Palabras: Incendio-Fuego-Alcohol-Pirómano-Fósforo-Bomberos-Calor-Humo-Pirotecnia-Portishead, el pueblo del olvido
He decidido regresar a mi antiguo lugar, mi primer hogar y del cual guardo los mejores recuerdos.
Jueves 17
Volví. No ha sido fácil llegar ya que los trenes hace mucho que no van a Portishead. El viaje fue de por sí agotador y la caminata un suplicio de 7 kilómetros.
Es casi medianoche, así que no es extraño que no me haya cruzado con nadie en la calle…en estos pueblos todos se duermen temprano. No me costó encontrar nuestra vieja casa, está igual a como la dejamos hace 30 años. Empujé la débil puerta de alambre tejido y maldije mi suerte: obviamente, el servicio eléctrico no funcionaba hace décadas y yo llegando de noche. A oscuras recorrí el mobiliario con el tacto, temeroso de encontrar alguna alimaña hambrienta. El contorno de esos anaqueles ya no me era familiar. En un cajón encontré fósforos y un paquete de velas, intactos. ¿Cómo habían perdurado todos estos años? Decidí no preguntármelo, no esa noche.
Entré a lo que reconocí como mi habitación y me desplomé sobre el colchón, esperando que una nube de polvo y moho se alzara contra mis alergias…nada; las sábanas todavía huelen a cera de crayón. Algo se incrustó en mi espalda, lo saqué de la cama y lo observé bajo la luz de la vela. Un autito de juguetes calcinado. Es increíble que esté aquí…
Sábado 19
El pueblo está más vacío de lo que esperaba.
Caminando por el parque, a la tarde, escuché el chirriar de una hamaca mal aceitada. Un niño se hamacaba parado, las rodillas verdes de pasto. No vi a nadie más todavía.
Tengo un sentimiento extraño, como una palabra en la punta de la lengua, a la cual no puedo poner nombre. Tal vez solo sean paranoias mías, aún me siento cansado. Estas aventuras no so para un anciano como yo: solo debo descansar…
Lunes 21
Intenté escribir pero todo me parece un fiasco. Quizás sea mejor que me relaje un poco más; desde que llegué solo salí un par de veces, caminatas cortas y nocturnas.
Sigo sin escuchar voces o ruidos del exterior, excepto el ruido de un monopatín rayando la calle cada tanto. Otra vez ese niño, ayer lo vi colgado al árbol de frutos del frente, llenando la mochila de naranjas, salí a gritarle, pero ya se había escabullido. Encontré bajo el árbol otro autito, chamuscado también.
El hecho de que todo en la casa esté tal lo dejamos 30 años atrás me incomoda un poco, nada parece estropeado por el trascurso del tiempo, nada envejece…
Jueves 24
Nadie jamás creerá lo que vi hoy. Todavía me tiemblan las manos…es difícil escribir así.
Volvía de mi paseo diario por las calles desiertas del pueblo, entre ventanas tapiadas y carteles de venta oxidados, pensando en lo bien que me hacía el ejercicio. A menos de una cuadra, sobre el tejado de mi casa, ese maldito mocoso otra vez, jugando a quien sabe qué. De nuevo esa sensación de angustia, esa incomodidad que me invadía a intervalos desde que había llegado al pueblo. Apuré el paso para decirle que se bajara, que era un peligro, una locura. Lo vi sacar de su mochila una botellita de alcohol que destapó y vació encima de sus autitos de juguete. Sentí pánico. La angustia se transformó en certeza. Corrí hacia el muchacho, sabía lo que iba a suceder…
Fue demasiado tarde. El fogonazo envolvió su brazo derecho por completo. El niño aullaba de dolor. Con una terrible dificultad logré subirme al tejado. Estaba vacío. Los gritos de dolor proseguían, ensordecedores. Mi desconcierto fue entendimiento en menos de un segundo.
Ahora miro la cicatriz en mi brazo, la piel casi viscosa, un rosa enfermo, ¿Cómo pude olvidar? ¿Cómo pude enterrar todo en mi mente como si nada? El accidente, las discusiones de mis padres, el hospital, la ciudad, los injertos, el pueblo, mi niñez. Ya no puedo contener las lágrimas.
Domingo 27
Sigo pensando en todo esto que ocurrió en los últimos días. ¿Ocurrió realmente o fue sólo una ilusión? ¿Fui testigo de una rebelión de mi inconsciente? ¿Acaso perdí la cabeza? Tal vez ya no sea cuestión de pensar. Siento que he logrado reconciliarme con mi pasado y eso debería bastar.
La escritura ha mejorado muchísimo y he adelantado varios capítulos. Una extraña paz me invade, como de algo resuelto. Es domingo al mediodía y se escucha en la calle el murmullo de la gente que vuelve de misa. Golpean la puerta los Rosenberg, la pareja de enfrente, invitándome a almorzar.
¿El niño? Sigue jugando con sus autitos en el andén. Pero hace tiempo que los trenes no se detienen en Portishead…en ese Portishead.
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